sábado, 22 de agosto de 2015

Vigilia de Huesos: El instante iluminado - Roger Herrera

                                                                                                              



“Siguiendo el sabio consejo de Chuang-Tsé,
                                                                                                                uso su mente sólo como un espejo.
                                                                                                                No aferró nada, no rechazó nada.
                                                                                                                Recibió, pero no conservó.”

                                                                                                                      Eduardo Azcuy.
                                                                                                                                                                Roger Herrera

Después de la iluminación, ¿será qué nos percatamos de la maravilla de nombrar con las palabras?. Dada la poesía sin ataduras, sola, desde la visión directa y personal
sin mediación – sólo entonces la lluvia, será la lluvia - ; como la flor a la que se refiere el poeta William Wordsworth al regresar del Paraíso, sin duda este tipo de expresión, la cual no se separa de la realidad sino que vive y dilata dentro de ella, es lo que percibo en la voz de Wafi Salih.

Palabra u Energía Circulante

Sonrisa interior u energía en circulación en la letra del Haiku, versos que no suelen tener rima, concisos, plenos de intensidad, formados por cinco, siete y cinco sílabas. Palabras hechas desde la vivencia, donde nada  está separado todo es conexión, donde es menester siendo la totalidad del ser en la acción, ausentar el ego-ismo,  vaciarlo, pensar “…con los ojos y los oídos”, desde la Vigilia de Huesos.

Vigilia de Huesos: La puerta del HaiKu

Vigilia de huesos, el sentir edificado desde el Haiku  alude al arte Zen; lleno de percepciones y en una filigrana delgada y transparente donde los instantes se hacen únicos
e irrepetibles. Donde cada gesto es simple en su  universalidad, cada acción es verdadera por su llaneza, cada palabra, cada grafo se hace palpable en el papel como el latido del corazón.

Ser lo que uno es. Aceptarnos como un grano más del universo donde no es necesario el tránsito por el pensamiento.
En estos poemas de Wafi Salih, se vive lo único e irrepetible sin desmedida; no se ansía nada; están los versos faltos de ira, alejados de la envidia y del furor. Está allí en el papel como
una huella y asomados a una ventana  que bien podría ser el mundo; una puerta hecha a la medida de los seres vivientes. Sin lugar a dudas  el presente avanza en su detención a un
accionar del yo privado del egoísmo; amparado en el corredor insólito del universo donde el ying y el yang hacen vórtice en la respiración; sístole y diástole de la armonía donde es
iluminado el hueso de la letra en la vigilia irradiante del Haiku.

Impulso y normativa de la letra.

La prudencia y la humildad que acompañan el Ki o intención  emocional de estos textos permean en el lector una puerta invisible hacia la unidad cósmica; la búsqueda del do (el camino) en el Karate Do o bien en el Tao,  a mi aparecer cada Haiku es una forma una elaboración rigurosa aunque llena de desprendimiento aunada a la Unidad con el universo un cielo despejado (en el papel) donde la palabra es el soplo vital que mueve los juncos de la vida.
También lo invisible tiene cabida en estos hallazgos donde el infinito se postula desde el cuerpo, donde cada gesto alterna en sabiduría con las plantas y los seres más insignificantes y en cuyo fulgor, arrobados nace nuestro consentimiento y respeto por el Otro. A veces la palabra es sólo mancha  en ocasiones solo sombra, plausible al abrigo de la luz, es el salto de un felino, la gracia de la grulla; cada voz, cada acento es día y noche irremediables  en el Tao (camino) en Lao-Tsé en ese  “sentir absoluto” u apariencia de infinito regido por la respiración y en concordancia con impulsos soterrados intuyendo la cascada, el agua,  la burbuja, las rocas, el descenso. Diremos, para dar fin a estas líneas  que Wafi Salih retorno al estado de gracia intuyendo en el abismo la aprehensión de lo real la visualización de lo oculto para mostrarnos ese “otro mundo” vaciado de egoísmo, expulsado de dolor donde convergen la irrepetible y sincera experiencia  de la Vigilia de Huesos.



Roger Herrera R

Noviembre 2010.

jueves, 20 de agosto de 2015

El tránsito de la escritura José Antonio Yepes Azparren


El tránsito de la escritura, desde la espera hasta la meditación que se hace ritmo vivenciado, alcanza duración de lo que va haciéndose asombro y sorpresa de lo escuchado en el respirar. La pagina como lugar de reconocimiento y de la memoria reencontrada. La poesía de Wafi Salih es un llamado de esa sonoridad que se desea como un encantamiento, como un secreto que apenas escuchado se disipa. Esa levedad es emblema de esta escritura que se va haciendo en nosotros como el rastro de un silencio imborrable, de una soledad lentamente conquistada, sorprendida en su vislumbre de luz: desciendo/ todo el fondo/me elevo/ hacia los altos/ silenciosos / invisibles / del alba.                                                                             (Meditación)

Pocas veces, en nuestra joven poesía, el poema se hace en atención a un desarrollo orientado a lo esencial donde lo dicho va inscrito en una musicalidad sostenida; donde no hay ninguna gratitud ni retorica vana, sino, muy al contrario, un lenguaje que suscita el hallazgo verbal y la entonación de lo que perdura y se convierte en signo de vitalidad y de la transparencia.

“los cantos de la noche”, es el primer libro de la autora que nos ocupa y, en el resulta visible el esfuerzo por lograr una voz que convoca la dicción de una unidad y un despojamiento que sorprende por su deseo de experimentación, y se descubre como una búsqueda estimulante cuando ya sentíamos un feroz agotamiento del poema breve entre nosotros. Wafi Salih ha sabido adentrarnos en un mundo de lograda sutileza donde, al fin, descubrimos una nueva voz femenina que sabe cantar con soltura y con un halito de naciente descubrimiento, de intima hondura y de plenitud sensible.

Adentro/ como una llave/ perdida/ en el mar/ me he negado.                             (secreto)

La poesía como un espejo donde el poeta se escucha y encuentra su destino. El poema como dictado de la sugerencia, de un ritmo que se constituye en pulsión de escritura. Los poemas de este libro fueron escritos desde esa necesidad, desde el deseo de nuestra poeta de verse transfigurada en la pagina, convertida y volcada en lenguaje. De ahí, la intensidad que logra comunicar esta selección, la nueva autenticidad de esta voz decantada que sabe encontrar el sueño de la frase y su continua vivacidad.
Refugio/ de pagina/ blanca/ fértil/ pájaro/ sin sombra.                                             (vigilia)

Como el lector notara, por los títulos de algunos poemas y por claras alusiones y símbolos, el sentir del mundo árabe palpita profundamente en esta poesía y le confiere un tono de serenidad y de distante belleza; y en ella somos llevados por una sensibilidad que nos cautiva en el encanto de lo por primera vez descubierto. Y es que, como ya hemos sugerido antes, la fuerza de estos poemas esta en esa sencillez y sutileza que nos llega como el fresco aire de una necesaria poesía naciente, no exenta de cierto exotismo y de una novedad del  canto entre nosotros.
(…)
Como bedunia/ ha recorrido/ los desiertos/ de tu cuerpo/ en la noche,                           (afandi)
Escuchemos, pues,  esta voz que, fiel a los latidos de su interioridad, ha ido creciendo en el vacio creador de la incesante poesía, en la soledad ganada en la vigilante humildad, en la sobresaturada contemplación de las palabras, para inscribir en ellas el enigma o la revelación mas pura.



PARA QUE LOS DIOSES CONVERSEN JUAN NICOLÁS PADRÓN


El cuaderno de poemas de Wafi Salih El Dios de las dunas, es una imploración y una búsqueda. Desde los primeros momentos se percibe el tono de súplica y la indagación fluye hacia su pasado, al encuentro con su niñez; mas desde sus primeros versículos puede comprobarse una violencia infiltrada en esa plegaria de interrogaciones. ¿Quién será el interlocutor en esta oración y lamento por los muertos? Evidentemente estamos en presencia de una literatura alistada para la denuncia con fragmentos de un canto que parece solamente interrumpido por el fuego de la metralla. La vuelta a la infancia, el regreso a los hendibles cedros del Líbano manchados de sangre, resultan un bautismo de la memoria, el nacimiento de un mundo reconocible por una niña que recuerda y cuya unidad está sostenida por las dunas del desierto.

El agua o el café participan de un ritual de recordación que remite a las tradiciones más antiguas de su familia; la liturgia se hace visible y cotidiana en las plegarias por una inmolación sistemática; los muertos y las tumbas regresan como talismanes para dar, a la vez, sombra y luz. Las pérdidas sucesivas configuran un ser condenado a errar luchando desesperadamente por salvar la vida y no perder la identidad. La poesía de Wafi se constituye en la voz de esta lucha a favor de la luz de la pertenencia. Los ecos se multiplican en la brega contra el olvido, y nadie se cansa de nacer muchas veces, de renacer en otros sitios. La canción gemida se pare en otros lugares y siempre hay un movimiento, una huida: el viaje hacia otra parte permanece por sobre todas las estancias. Estos versos van edificando una ciudad volátil en la colina que el viento desaparece como el aire en el aire.

Las casas son tiendas y un grupo de ellas constituyen ciudades que aparecen y viajan como circo trágico. Intemperie y desamparo ha sido la patria, los itinerarios del desierto borrados por el soplo y las corrientes que componen los caminos; el país es el éter perdido que recoge las voces de una luz vencida. Solo la persistencia de la fe se inclina ante una caravana de camellos que no descansará hasta el oasis ahora bañado por lágrimas. De esta tragedia que termina nace otra, la de sus lamentaciones por haber sido una niña que salió del Líbano y llegó a Venezuela; Caracas alivió las heridas de Beirut pero el dolor profundo del desarraigo ha permanecido toda su vida. La presencia de la sombra de su pueblo se ha ensanchado hacia una gravitación que actúa no ya sobre sus palabras, sino en la oquedad de su cuerpo al que le falta un pasado donde asirse: se busca una patria definitiva.
El terruño huele a cedros del color de la sangre, y aunque su casa venezolana permita el diálogo del sol con los colores de los vitrales, resulta imposible espantar la sombra de Sabra y Shatila de cada hálito que se inspire en el recuerdo, de cada expiración de anhídrido de fuego contra los asesinos. Allí el cielo se arrodilló ante el imperio del mal y dejó que pasara todo el fuego del infierno, allí todos morimos un poco. La inocencia asesinada no tiene razón posible; ante el cadáver de un niño destrozado parece como si acabaran todas las palabras y el ser humano debería enmudecer de vergüenza para siempre, ni su civilización ni sus instituciones han servido para nada frente a esta barbarie. Habría que refundar la sociedad, repensar la filosofía y volver a empezar como amebas saliendo del agua. ¿Cuántos niños mártires se han sacrificado desde entonces?

¿Qué relación puede haber entre estos humillantes asesinatos de la especie humana con cualquier adoración a un Dios? La pólvora que mata inocentes nunca será material de salvación para ningún templo. ¿Cómo puede conciliarse la fe religiosa que siempre nace de una espiritualidad profunda con la ira y el odio incontenibles que devasta así con la metralla? El desequilibrio desenfrenado jamás ha sido bendecido por ningún Dios. ¿Qué Dios es ese que solamente tiene una espada para la muerte, cuáles son sus ángeles que siempre anuncian la desgracia? El canto de Wafi solicita la presencia de un Dios joven salvador que beba miel y ofrezca cascadas de agua mineral, ángeles de olivo y sementera que rieguen el desierto de esperanza y fertilidad. Y el reclamo aspira a que germine la vida entre los pueblos, y que los rezos a cada Dios hallen como respuesta que cada pueblo pueda poseer “un lugar bajo el sol” en paz con su vecino. 

Y más que poseer, que sea disfrutar: la idea de la posesión entraña en sí misma el germen de la discordia, pues nada se ha heredado nunca. La tierra ha sido prometida por cada Dios para un transcurrir placentero de la vida de los hermanos que la habitan sin que nadie sustente un legado tangible; solo las cosechas son diferentes: las culturas intangibles de los pueblos, las cosmovisiones y las expresiones que redimen cada día con la puesta del sol y dejan que cada noche sea una tregua fecunda para empezar otro día. Por ello Wafi sigue buscando ese país transparente, un rostro que no tiene reflejo, una ola ciega de cresta, noche solar de ninguna geografía, la inexistencia vaciada de sitio y de horas, el secreto de lo no dicho ni pensado, fuego sin humo ni cenizas. Porque la convivencia de un pueblo no tiene que ser la sobrevivencia por encima de otro; hay suficientes plazas para perdurar con el laurel y el olivo compartido, pues al final todos seremos parte de ese polvo que ahora tanto se disputa en una desproporcionada batalla de plomo contra unas piedras que sirven para defenderse. Faltan palabras pero no debe faltar la voluntad de volver sobre ellas todas las veces posibles.

La rabia que produce el dolor se desborda en emociones sinceras y la denuncia nunca es suficiente ante el silencio cómplice de los que tienen el cinismo de taparse los oídos y mirar hacia otra parte. Hacen falta palabras precisas para quienes pueden detener el genocidio, y ojalá que detrás de estos versos que acusan torrentes de sangre, el estruendo de las explosiones y el temor por el siguiente estallido, se escuchen las palabras necesarias para conmover alguna fibra humana y movilizar el pensamiento hacia la sensatez. Bajo ciertas frases se siente el incendio de una insoportable asfixia ante la incapacidad para expresar en toda su anchura el pesar de la angustia, pues los poetas no saben hacer otra cosa que enunciar la fiereza con palabras, pero en ellas hay suficiente cordura para apelar a sentimientos que ningún documento llega. Será difícil sanar cicatrices de una infancia interrumpida, mas Wafi siempre habla bajo, con la emoción del recuerdo, y acude a los símbolos salvadores de las tradiciones de su pueblo, para hallar en la lucidez de sus figuras emblemáticas la simiente redentora de la razón.

La agonía de no pertenecer a ningún lugar sigue siendo esa mudez pendiente que subyace en no pocas imágenes del texto, como seguramente pudiera ser el anhelo pospuesto para un pueblo que apenas ha obtenido un pedazo de desierto frente al mar para vivir. El vértigo producido por ese abismo de hacinamiento emerge hasta en los regocijos, como si esa desventura estuviera anclada al ser. Y cuando los problemas sociales están pendientes, el exterminio se justifica de manera cínica con el apoyo de los poderosos del mundo; pero esa vía pertenece a la horda, y por ello el poemario exige la briosa condena repetida como un clamor obsesivo. El terror sufrido no solo constituye una manera directa de denunciar las masacres, sino una aletargada pesadumbre nocturna que se arrastra más allá del hecho y se prolonga en la cólera, enrareciendo la atmósfera que sigue al olor de la pólvora muchos años después, y regresa como círculo oscuro a sumar tinieblas de desasosiego, prolongando el miedo más allá del pánico vivido por varias generaciones.

Por eso el crimen se ha cometido varias veces y el verdugo continúa castigando: la solución ha quedado pendiente, postergada. Y si en realidad vuelve otra vez a castigar el verdugo a nuevos Sabras y Shatilas reales, la plegaria de este poemario cobra más que nunca un registro de vigencia espantosa, porque ahora más que nunca se precisa  que esta oración llegue hasta el mismo cielo y retumbe en todas las puertas y resuene en la dignidad de cada dios, ya que no ha calado en la de los humanos que siguen permitiendo estas matanzas. La navaja húmeda todavía tasajea; las palabras no están sirviendo para casi nada aquí en la tierra, a pesar de haber sido una vez el estandarte de los pueblos. Imposible traspasar el holocausto de un pueblo a otro. El Dios de las dunas y todos los dioses están en la obligación de conversar. El interlocutor de Wafi es Dios, y su apelación es enérgica y definitiva; confía en que, lo antes posible, ellos regresen a las palabras.


Enero de 2009                  



LA GENEROSIDAD DE LA POESIA Y EL HAIKU Antonio Urdaneta

Destello es la palabra y es la imagen, el acontecimiento y la realidad no gramatical, evocadora de aquello que en el haiku del Japón místico, silente y grávido, es apenas lenguaje conocido: fulgor e idea diamantina en tres versos gracias a la absoluta generosidad de la poesía.
                    Un dia Wafi Salih se detuvo en su propia experiencia y síntesis. Advirtió que la duración de aquella voz nítida para lo oscuro y lo meridiano senderea una escritura nueva y mágica en el alma. Darse a su resonancia y a su escritura no le fue exótico.
                   No romancea un desprendimiento, y como en los días del poeta mexicano Juan José Tablada, iniciador en Venezuela de esta comunión con el temblor de Oriente con el poema breve que no se queda corto, puesto que en pocas palabras cabria lo inmenso, arribo Wafi al ser y a la actualidad de un texto exteriorizado y desenvuelto.
Amor lejano
el calor de otoño
en mi pie desnudo


Lienzo de flores
en cada una, Issa y Basho
abejas y miel

                Un haiku es un ser espiritual. Lo son en si mismos, si plenos y cabales, la copla, el romance, el soneto, el soplo pemòn y teúrgico que da el taren. Contiene el grande y pequeño súbito, una revelación y una identidad, una desnudez y un atavío de historia.
                 Ese  prodigio no es extraño a la poesía breve en nuestra Cruz, Gustavo Adolfo Bècker, José Martí. En tres versos sencillos pero no simples, el exuberante Góngora hace generosamente diáfana la presencia de una oscura emoción: Ya le entra sin saber por dónde una piedad mal nacida/ entre dulces escorpiones. (Romance de Angélica y Medora) En Occidente ese fulgor suele ser el ave de las imágenes: el cisne, la alondra, la golondrina, el ruiseñor, el chupaflor o colibrí instantáneo, y si no rosa, la flor azul, todos los pájaros,-el pájaro <cuando la estación ascendente lo subleva> como indica Rilke. Y es al fin y al cabo el mismo indecible en lo extenso.
              El grandioso Whitman nos trae el poema de verso libre y extático. Hecho de dinamismo y reposo. De otra  manera para nombrarlo semejante en su diferencia, en el Caribe barroco se evoca la transparente y aun la fijeza en Lezama  Lima.
              Rubén Darío hizo el <Elogio de la seguidilla> y la llamo <Rosa métrica> <Ánfora lirica de vino llena>, suscitación literaria o entidad espiritual de una porción de la cultura de España, <sus hombres sus claveles, su manzanilla>, la hechicería andaluza: un metro en donde cada idea es una perla. Y cada verso una rueca, sal macarena y lorquiana, puñales y bordones.
                 Jorge Luis Borges ve extenderse tras el tango una canción de genta perdida en <Sórdidas noticias policiales> Quien prefigura el texto virtual de la gesta unigénita que expresa lo esencial del cancionero popular latinoamericano.
                 Cada forma es un hábitat una región del cielo o de la tierra, una ecología de las palabras, un ministerio agrícola, un espacio de la memoria, una morada y un oleaje de las almas, el recipiente de su alquimia. Wafi Salih comprueba que una saeta fugaz hiere y queda temblando, y no es distraído arbitrio de cocuyo el vaso de elección.
                  El hijo del camino y lo que un transeúnte lleva en sus manos se combinan y tejen un manto de palabras e Huésped del alba. Un vuelo de aves que no se nombran dan el pasado. Por simbiosis, algunas palabras son ellas y las cosas conjugadas. El cielo es hondo, la levedad traspone el peso, la soledades, por la nostalgia y el sentimiento de unidad.


                     Entre las sendas flores
                     y en el corazón tu ausencia
                     junto a la luna

                                                                                             
                                                                                          Ah! La crueldad
                                                                                          mis manos heridas
                                                                                          por tocar la rosa



Pensamiento y canto del tren vuelvo al uno. Nos vienen remembranzas de una herida de Rilke en el jardín de rosas, y de aquella que lo sorprendió en el símbolo como extrañeza angélica infranqueable y dolorosa, y un ángel terrible. Y enseguida, el recuerdo de un verso de Alfonsina Storni. <Espínate la mano y córtame  la rosa> Una máxima expresión  de  la crueldad.


En la hiriente zarza Wafi Salih atrapa la soledad, y en el olor del cerezo un nuevo amor. Sin contemplaciones, la soledad irá a acampar al desierto. Hay una constancia de la pareja en el  tiempo, del dos reunidos en el uno. Issa y Basho, abeja y miel, el errante y el estrellado cielo, el pretérito y el presente, el futuro y el hoy, una noche tiene su perro. Y entre las sabanas, bajo la felina lluvia, un león de amor. La tristeza regresa, dibujada una carda devuelta junto a la solitaria taza es un reflejo Wafi Salih nos ha dado generosa lo mejor de sí misma en Huésped del Alba. Recibimos su encanto llenos de alegría.

Cielos descalzos Laura Antillano

Hay que procurar espacios de poesía para invocar realidades más justas, cultivar el espíritu en medio del tráfago citadino, crear lazos más estrechos entre los seres. Por eso hoy nos ocupamos de una publicación infantil que constituye el asombro y la belleza concurridos en algunas tardes dedicadas a los niños durante las vacaciones. Se trata de Cielos descalzos, de Wafi Salih, publicado en 2009 por El perro y la rana, un libro escrito en clave de haikú, que es una misteriosa forma lírica oriental formada por tres versos y que habla de forma sintética sobre temas diversos, en especial sobre la naturaleza.
El haikú tiene sus aciertos en español con el trabajo esmerado de autores como Jorge Luis Borges, Mario Benedetti y José Juan Tablada, sin contar con una significativa cantidad de escritores que en Perú, por sus vínculos con Japón, se ha ocupado más que otros países de estas latitudes de esta forma poética. Entre los venezolanos, la escritora trujillana Wafi Salih ha destacado por su producción literaria centrada en esta pincelada verbal que representa más que un recorte delicado y singular del mundo, una pieza mágica que nos atrae como un imán.

Van sin prisa
pecesitos de colores
pájaros de agua



Traza la niña
muñecas de olas
en la arena

Así se va delineando un discurso de lo diminuto para los más pequeños que encuentra sublimes estampas del ecuatoriano Marco Chamorro, quien, con sutileza, crea una atmósfera fascinante que supera la mera representación paisajística o de seres y elementos aludidos en los textos, pues logra un discurso que enriquece la lectura de los versos mediante la cálida sugerencia figurativa elaborada en papel artesanal, material que subraya el universo terso, limpio y condensado del haikú, la comprimida pureza contenida en un puñado de palabras.
En la literatura infantil no es fácil conseguir libros finamente hilvanados donde textos e ilustraciones dialoguen de forma honesta y balanceada, donde el trasvasado de uno a otro discurso se realice con fluidez, creando una unidad armoniosa e indisoluble entre palabra e imagen: he aquí un exquisito ejemplo en este libro hecho en un formato para manos niñas. Pero este es un libro, además, que va más allá y supera la expectativa del logro formal, pues alcanza algo más complejo en el campo espiritual, así, ingresamos a la dimensión espiritual del ser: proporcionar una contención discreta e íntima al lector desde páginas que parecen susurrar un secreto. Este es el peculiar logro de estos versos.
La poesía fresca y lúdica de Wafi Salih es un regalo amoroso para los niños que leen poemas como estos: de una infinita belleza donde lo simple es plenitud, donde se respira esencia.


A LOS PIES DE LA NOCHE Ricardo Iribarren


                                         En A los pies de la noche, la poeta Wafi Salih logra concretar y expresar la esencia del haiku. Son las palabras precisas que sirven de excepción al silencio. También  coincidiendo con el espíritu oriental, el titulo y el ambiente sugerido en los textos habla de la noche, la penumbra, del resplandor tenue que apenas se sugiere entre las sombras, y la obra es fiel a la expresión china: La luz es la mano izquierda de la oscuridad…..>A riesgo de sobreabundar en explicaciones, procurare volcar algunas palabras de admiración a la poesía de la autora, la intención es rodearla, señalarla, apuntarla, a lo sumo servirle de contexto, sabiendo que sería inútil tratar de agotar en una explicación el luminoso y sobrio desarrollo de los versos.
                                       Este logro de la expresión perfecta revela lo que en Occidente llamaríamos <madurez poética>, y que en Oriente tiene una significación más profunda. Frente a un texto como el de Wafi Salih, en Japón se afirma que el poeta ha alcanzado el Sabì y el Shiori, categorías enunciadas por  Dohoo y Basho entre otros. En una exégesis personal. Sabi hace referencia a la simplicidad, quietud, serenidad, sosiego….Shiori al arreglo, a la disposición, a esa sutil habilidad que no proviene de un estudio sino de la trascendencia de todo aprendizaje. Se dice que el Shiori está en el Kokoro, es decir en el corazón entendiendo el mismo como órgano de conocimiento y no solo de recepción y expresión de sentimientos.
                                 Reiterando lo expuesto, la autora logra la interiorización, la intuición precisa y la penetración de su ambiente inmediato para plasmar los instantes intransferibles que componen la estructura intima de los haikus.
                               Esta madurez se enmarca en un conocimiento pleno de la historia y las características de genro por parte de Wafi Salih.
                               El haiku es una traducción de lo que en Oriente constituye un lenguaje simultáneo y múltiple que excede el marco de la palabra, en su idioma original, el poema implica la polisemia de los ideogramas. En el ya famoso verso de Basho, el <El viejo estanque> El ideograma que corresponde al sonido <furu> (viejo), está formado por el número  diez mil  y el kanji  <Boca>, es decir, la vejez en sentido de antigüedad, está compuesta por diez mil bocas u otras tantas generaciones…
                                En oportunidad de recibir lecciones de japonés, me indicaron que debía traducir una frase. Elabore entonces un largo párrafo con metáforas que en español sonaran medianamente agradables, pero en el momento de volcarlo al nipón, resulto monstruoso:  entonces descubrí que cada ideograma tiene una múltiple significación simbólica que permite la presencia de varios textos acotados por las acepciones de cada signo y por el abanico de sugerencias
 que imprimen en el lector. Cualquier aditamento de imágenes alambicadas produce un terrible engendro. De igual modo, la caligrafía en el haiku es un arte paralelo al de la poesía: la forma de trazar el ideograma, el tipo de pincel y de tinta que se usa, la presión con la que se dibujan los rasgos, forman la dimensión emocional del poema. Los ojos orientales descubren en el haiku la síntesis entre una obra plástica y un trabajo poético; la aglutinación de lenguajes y la percepción simultanean de varios universos del autor.
                 Wafi Salih logra un equivalente en nuestro idioma la síntesis a la que aludimos, apunta a concentrar en tres versos un universo visual y sensitivo; un mundo emocional y una trascendencia expresiva. Agrupados en temas precisos, netos, como ocurre con las obras orientales.  Es una obra de interioridad, de preciosa economía de recursos, donde el lenguaje se despoja buscando su propia esencia. Los momentos, que se despliegan como las cuentas de un rosario, conducen al lector a lo percibido en esas instantáneas que sirvieron de génesis de los poemas Sabì y Shiori: simpleza y profundidad. Sus textos encierran dos vertientes, la simpleza impactante, y profunda belleza con todo el silencio que acontan y que penetra en el lector  como una oscura y afilada daga, alcanzando su corazón en un contacto lucido y terrible.

                 De igual modo, la caligrafia en el haiku es un arte paralelo al de la poesía: la forma de trazar el ideograma, el tipo de pincel y de tinta que se usan, la presión con la que se dibujan los rasgos, forman

EL ESPLENDOR DE LO SENSILLO HABIA EN UN LIBRO PARA NIÑOS Carolina Álvarez


                                                                                                                          
Carolina Álvarez Fotos: Luis Franco L a literatura clásica japone - sa legó a la Humanidad el haikú, forma poética de tres versos que le ha servido a artistas y poetas de todo el mundo para expre - sarse. Cielos des - calzos atesora 35 de estos poemas en mi - niatura ofrecidos espe - cialmente a niñas y niños por la escritora trujillana Wafi Salih. A las palabras las acompañan ilustraciones del ecuatoriano Marco Chamorro. Publicado originalmente por Manthra Ediciones, en Ecuador, el libro llega a nuestras manos gracias a El Perro y la Rana, edi - torial del Estado venezolano. Contra la costumbre del mercado, esta delicada edición, bien acabada y finamente impresa en un excelente papel, apenas cues - ta cinco bolívares. El t exto: ju ego y d escubrimi ento Nuestra Laura Antillano dice, en la presentación de la obra, que “Wafi Salih pone en juego su mirada sobre el mundo en estos haikú, explora con ellos los detalles del entorno, llevando a las palabras la frescura de su descubrimiento; su hallazgo es lo celebrado por los pequeños lectores”. Y así es. La autora, partiendo de lo cercano y cotidiano, nos lleva de la mano a conocer el mundo de las imágenes y metáforas. Re - coge las impresiones de una primera mirada. Da res - puestas a preguntas como “¿qué parece?”, “¿qué hace allí?”: ¿Qué parecen la luna, la mariposa, ese pez...? ¿Qué hace allí ese ratón, esa jirafa, esa pereza? Pequeñas y pequeños lecto - res entenderán el juego entre la palabra y la imagen evoca - da. Y estoy convencida de que también comenzarán a buscar semejanzas y aceptarán la invitación que nos hace Wafi Salih para imaginar y crear. Las ilustraciones: art e y b ell eza Marco Chamorro, con una técnica mixta en la que com - bina el rasgado de papel arte - sanal con ilustraciones digita - les, nos entrega en cada página una obra de arte. La belleza de sus creaciones visuales son nuevos poemas que dialogan con los textos. Con este trabajo, vale decir, Chamorro mereció el premio de la Organización Internacio - nal para el Libro Juvenil (IBBY, por sus siglas en inglés) como representante del Ecuador, y está en su Lista de Honor, ca - tegoría Ilustración Año 2010. Las gráficas de Chamorro no son imágenes pasivas, ni para observadores pasivos: exigen una mirada cómplice, esa que se atreve a ir más allá, que busca, detrás de la foto, el árbol, el mordisco de la man - zana. El detalle que no está y que su autor intencionalmente no coloca. Se trata -una vez más- de un juego, sólo que esta vez, en lu - gar de la palabra, es la imagen la que se desprende del papel y nos lleva a otra dimensión. De esta forma, si los haikú de Wafi Salih buscan iniciar a niños y niñas en el mundo de la poesía, las ilustraciones de Marco Chamorro son excelen - tes para introducir, a las y los más jovenes, en la tierra de las artes plásticas. El libro: r egalo para todas las edad e s Aunque en efecto Salih y Chamorro hayan tenido en mente al público infantil al trabajar en este libro, el re - sultado es un hermosa obra abierta a todo aquel o a toda aquella que tenga sensibili - dad y quiera apreciar “el es - plendor de lo sencillo” (para usar palabras de Laura Anti - llano acerca del libro). Cielos descalzos es un libro para abrirlo una y otra vez, para detenerse en el pedaci - to de papel que es gato, un ratón o una gaviota, o tal vez para hacer una pausa y evocar las miles de imáge - nes y recuerdos que nos trae un haikú: "Van sin prisa pececitos de colores pájaros de agua" Caracas