domingo, 23 de septiembre de 2018

Paisaje y Presagio en la poesía de Wafi Salih.



Libardo Linarez.


Cuando escribimos nos internamos en nuestra interioridad para develar ansiedades, nos convertimos en pasajeros del tren sin olvido, ese coche de García Lorca que nos saca del descampado con los cristales empañados amortiguando el deseo desesperado. Parecemos atados a inquirir sobre misterios ocultos, los transitamos musitando el mundo anhelado; sería ingrato labrar un verso y no mostrar la angustia que nos precipita. La poesía al igual que nuestra conciencia evoluciona o se corroe con nosotros, siempre está presente el peligro de repetirnos con simples argumentos que no denotan una evolución, esto puede anunciar un estancamiento que aleja esa energía cuyo elemento conductor no es otro que la originalidad y la inventiva. Son múltiples los cerrojos que deben abrirse para develar lo intrínseco del verso, su intemporal autonomía, su vigencia temática y la otredad sobre la cual gravita. Aún cuando en la poesía ya pareciera estar todo dicho, esa fuerza superior que hace de la poesía energía viva toma vigencia cuando la barbarie intenta desdecir la razón del ser. La virtud de escribir sin vincularse al verso es un estilo que pocos dominan, da cuenta de una basta ejercitación en la creación literaria donde esa fuerza superior que es la poesía gravita sobre el verso contemplando la reacción del lector. Esta capacidad contemplativa es ventana destinada a ejercitar cualidades sensoriales para inquirir eclécticos paisajes construidos sobre la universalidad de la naturaleza pudiendo uno estar en la intimidad de la alcoba. Ese vuelo creativo no es fácil hilvanarlo con la precisión a la que Wafi Salih nos tiene acostumbrado, porque su poesía no se basa en un paisaje descriptivo, son cerrojos que se abren para la interacción plena de la naturaleza con lo subjetivo del verso a través de metáforas: Fuera de casa esparce la noche su tempestad La conectividad en sus versos es un juego de imágenes limpias, se obsesiona por entregar un aroma particular en sus breves versos, disemina fragancias naturales que acompañan la memoria del lector cautivo: Florecen sobre una bosta de vaca dos azucenas ............. La rosa también es roja en su fragancia Son muchas las horas de largas noches donde Wafi labra cada verso, no es un simple impulso. El dolor rasgado es cuidadosamente estructurado de forma simétrica y lírica. Una voz impersonal que no se involucra directamente, contempla y construye desde afuera, ejercita el poder creativo de forma silenciosa para entregarnos la síntesis de poemas libres de elocuencias. La estética y la sobriedad juega un papel fundamental en un estilo que no es ajeno a la cadencia. Ella advierte por medio del preságio la noche, la lluvia, el amanecer o el llanto, simbolisa en interrogantes nomenclaturas de imagenes con las que contruye e idealiza la influencia que ejerce en ella la naturaleza: ¿Desde qué piedra la noche respira su hondura? ---------------- ¿Qué garganta afila y presagia la mañana en la encendida cresta del alba? ---------------- País derruido un lamento la lluvia sobre las piedras. En este último verso el presagio es una delación de angustia por una humanidad que pierde ágilmente sentido de especie, llueve el desamparo sobre una masa inerte resignada al devenir. El presagio es simbolizado discretamente en interrogantes que esconden un grito en la acentuación de las palabras, sin el vuelo pudiera verse sólo una interrogante y la imagen en el verso, es la poesía la que se revela en lo intrínseco del verso en quien ésta elige. En Wafi es un elemento presente desde sus primeros versos donde pregunta: ¿Dónde está Dios? Un clamor por la intervención de una fuerza superior ante el sinsentido. Este versátil recurso da carácter de intemporalidad al verso, permite multiplicidad de enfoques donde Wafi fiel a la norma, lo decora a través del paisaje y viste de cilicio la angustia con el velo de la noche: ¿Quién en mi sombra se inclina tanto Dicta tempestades y abismos Repite lo oscuro como una lápida? El difrasismo es una herramienta que enriquece las virtudes de Wafi Salih como escritora, es una formúla sobre la cual ejerce la economía del verso sin que esto implique de modo alguno el sacrificio de su estética o cadencia, más bien se vale de este elemento para danzar en condición anónima sobre la imagen y la quietud de la noche: Silencio Duerme la noche Sobre el ondulado silencio del valle Habita el canto anudado de las sombras Describir un estado de ánimo pudiera asumirse como un hecho simple, estructurarlo por medio de una condición climática o de tiempo requiere oficio, ya que en el manejo de la imagen y sus cualidades sensoriales es donde el escritor hace suyo el titulo de Poeta, cuando maneja en su justa dimensión la relación que existe entre la imagen, el poema y la poesía. En Wafi el desdoblamiento de espíritu puede llevarnos desde el ocaso en un breve verso, hasta la febril adolescencia descrita con un pedazo de tiza en la corteza de un árbol: Llueve sin tregua las gotas de otros días sobre mi rostro ----------------------- Escribí la mañana con tu nombre lo escribí con tiza sobre un árbol mientras el ala de un ángel se movía en tu risa deletreaba las sílabas del agua y pulsaba la lluvia que canta el mar dentro del aire y el secreto reino de la charca Ríe en todo lo que tus manos tocan Un caballo blanco perdido entre las letras de mis primeros años En el pecho hace titilar los mangos ¡Perdido¡ sí, en el aire En el corazón del viento donde escondo los recreos y llevo el sol doblado en una carta de amor en la mano. Estos versos dan fe que en lo breve y en la prosa el manejo de la imagen está ligado al paisaje como referente de un simbolismo donde la vida y la muerte, la alegría y el desasosiego, la soledad y el amor son abordados con la fuerza creativa del paisaje en comunión con la economía del verso. Hay un clamor, un grito escondido discretamente en su difrasísmo que advierte sobre una resignación que pudiera estar codificado en la lluvia o un manto de cilicio: País derruido / un lamento la lluvia / sobre las piedras. Me pregunto si permitiremos ingenuamente se devore todo valor que le dio sentido a la vida y en su lugar el hambre por otras riquezas advierta el fin de una especie sujeta a códigos que le dieron sentido y belleza, tal vez la respuesta a esta apreciación esté en un poema suelto de mi amigo y maestro Orlando Barreto que advierte: "Todo verso es profético / una aventura concluida. Olvidamos el poema hasta que este advierte / lo recordamos entonces como vieja herida / escribo para ser más tarde / nunca lo sabemos hasta que llega / precisamente cuando ya no importa ninguna sabiduría" Tal vez estemos destinados a esto, aunque muchos nieguen esta posibilidad, este pensador afirma tajantemente que asume sólo el papel de transcriptor ante otro ser que dicta la imagen: "el poema se obstina en predecirnos / no hay secretos / la mujer llega, desabrocha su vestido / se desnuda para que la profecía del poema que escribo sea cumplida una vez más". ¿Cuánto tiempo pasó para que una cultura milenaria como la prehispánica viera a esta mujer llamada Poesía trayendo a cumplimiento aquellos presagios escondidos en sus letras? De ser esto cierto, ante la voragine que toma forma,, tocará a los soñadores refugiarnos en el recuerdo de la tiza que traza secretos sobre la corteza de un árbol... el canto del agua que choca sobre las piedras... el croar de las ranas o la quietud del gato sobre un tejado, mientras resignados dejamos nos cobije el manto de la noche. Libardo Linarez. San Felipe, 30 de agosto del 2018.

domingo, 11 de febrero de 2018

WAFI SALIH


César Seco 
No recuerdo cuándo y dónde conocí a Wafi Salih. Recuerdo el instante. No recuerdo qué hablamos, recuerdo que hablamos. El encuentro tuvo la instantaneidad de esos magníficos haiku que ella sabe bien darnos a leer.¿Maracaibo? ¿Caracas?¿Mérida? El lugar no fue más que tiempo. ¿Mañana o Tarde? Solo luz, de ella, no mía, no de ningún reflector. A nuestra espalda un auditorio. Voces circundantes, pero nada parecía estar. Si, varios concurrentes lo estaban atraídos por su presencia. Miento si digo que alguno nos presentó o que a falta de ello lo hice. No. Nada de eso. Nos conocíamos como se conocen los poetas; por sus versos
"Sin yo saberlo
la fragancia de un poema
mi pie en la hierba"
(A los pies de la noche)
2
Dije que recuerdo el instante. Lo digo en la siguiente línea. Sentí una breve vibración cuando habló. Un parpadeo en el aire. Una aguja movida en la balanza, pero peso ninguno en el espacio. Su mirada acuosa, sosegada, manto de río; parecía estar en otra parte, pero era sólo eso, parecía. Me enteraba allí que era de esos seres que cuando creemos se evaden es cuando más están en la realidad, sólo que en ellos la visitación de la imagen los adentra poderosamente en si sin desatender el afuera:
"Atardeciendo
tu mirada le roba el negro
a la noche"
(A los pies de la noche)
3
Lo esencial de la poesía es la imagen y lo esencial de la imagen es el instante. Un poeta es una naturaleza aprehensiva y una imagen es una naturaleza dual: fija y en fuga. Nos lo enseña Lezama cuando nos proyecta la imagen entre la fijeza y el vacío. No se trata de simple traslación de algo presentido a la palabra, ésta antecede, pero a ella, la gestación de lo invisible. Como la fe, que es creer en lo que no se ve, la poesía crea lo que no ve y, en su reposo y movimiento, es capaz de leerlo dentro del poeta que lo deja al lector en una ascesis de asimilación o revelación. Ocurre una simbiosis, una transmutación de lo evidente a lo trascendente. Pienso en lo que sobre "la palabra transmutada" nos dejó dicho Alfredo Silva Estrada. Pero pienso mucho mas en el hacer poético de Wafi Salih. Sus haiku dan un "coup de des" a la tradición oriental. Conservando su estructura, su resolución escrita no se queda en el procedimiento original, y busca en todo caso una expresión que equilibre la interioridad del hablante y la exterioridad del instante:
"Por las rendijas
regresa mi infancia
en los cocuyos"
(Vigilia de huesos)
4
Pasado un tiempo sin vernos nos volvemos a encontrar en San Felipe, de esto hace unos años. Pasamos de la brevedad observante a la conversación necesaria. Las lecturas y los afectos, las separaciones y los nuevos amores; el hacha doliente del país, la autocrítica primeramente, el reclamo, el puñal amargo de la consciencia. No obstante allí, mediando, esa energía suya que transmite sosiego, tan sólo porque ella es así, así su naturaleza. No eligió el haiku por hacerse de una fórmula; intentarlo puede ser arduo o fácil, algunos reiteran a Basho o repiten a Tablada. Wafi, creo, lo hizo por fidelidad a su naturaleza sensitiva, emotiva, reflexiva, que es a lo que trato de aproximarme en esta lectura que se me ha hecho placentera.
"¿Qué se dirán
de rama en rama
los ruiseñores?
(Vigilia de huesos)
Concluido el encuentro en San Felipe, recibimos, Argelia y yo, invitación a pernoctar en su casa de Barquisimeto antes de partir de regreso a Coro. Y estando en ella, ese era su silencio, su sobriedad sencilla, minimalista y esencial. Nos llevo a las lomas de Cubiro, a nosotros que buscamos "la paz que sobrepasa todo entendimiento". De regreso le oímos en su mesa poemas de con "El índice de una lágrima", el dolor le hincaba un costado de su sentir, pero se sobreponía adentrándose en el Otro: "La angustia nos lee/ somos un poema inconcluso". Habló una herida, lo dijo otro lado de su decir: el territorio de procedencia de sus padres, el Líbano, territorio de una guerra, material, religiosa, global. Callado, tomando té, me dije: el llanto se trueca en canto, en oración; aceptar antes que absolver la amargura: "Esta ráfaga de infierno que es la vida// Donde ha sido/ repetidamente avara/ la felicidad conmigo". El sentido, algo más que lujo verbal encontrado en el caos, es desilusión lúcida. Lo que en sus libros anteriores expresaba en nítida sencillez, ahora clamaba en contundente complejidad: "¿Cuantas tumbas hay en el pecho de Dios?".
*
Post data: Recién la vimos en Caracas, presentando el libro, en una cuidada edición bilingüe del sello Negro sobre Blanco. Le sentimos como a quien ha atravesado la puerta del dolor para de pie sonreírle al vivir.

sábado, 10 de febrero de 2018

Crónicas del Olvido - HONOR AL FUEGO


**Alberto Hernández**
1.-
Ella pregunta, en tres líneas vitales, en tres versos, y la respuesta se amplía en todo su libro. Wafi Salih encara al maestro:
“Maestro Issa
este tachón con ira
¿será un haikú?”,
Y ella, en plácido paseo, se responde:
“Sólo a veces
retoña, sólo a veces,
la flor pisada”.
Kobayashi Issa mantiene la mano sobre el mentón. Asume el satori y mira desde su profunda lejanía las palabras que flotan en el aire. La poesía japonesa es tan alma que flota: se sostiene sobre los árboles, en los más pequeños seres de la naturaleza, en el envés de una fruta.
En la muerte de una mosca.
“Honor al fuego” es un libro de haikús. Es decir, es un libro de las antípodas, del otro lado del poema, porque nuestro globo terráqueo conforma dos maneras de decir el poema, de hacerlo y de vivirlo. De aquel lado, se vive, se practica: es sagrado. El maestro asume un aprendiz: Lo hace él para que siga la tradición. Pero también para que se pueda ver en su reflejo, en su contraparte, en su otra máscara.
Publicado por Editora Zócalo en la Colección Alegres Provincias, en Rubio, Estado Táchira, 2017, este libro de Salih es un remanso en el espacio poético venezolano. Y digo esto porque se resume la paz en sus líneas, en los versos que flotan ante la mirada. Se lee para levitar, para solventar una deuda con la tierra, para hacerle la contraparte a Anteo, quien tenía que pisar tierra para poder llenarse de energía.
2.-
Una exclamación inicial propicia el diálogo en la página. Diálogo entre sendos haikús, en una melliza versación, en un alegato en el que la poesía es tan sensible que casi no se siente en la voz.
Ella, la poeta, palpita:
“¡Un poema!
la luz desposada
con el cerezo”,
y desde esa admirada revelación, añade:
“Por mi ventana
los lirios del comedor
ven la tormenta”.
¿Qué sensación provoca esta lectura? Si bien estamos en el fondo de un espíritu que duda, que exclama con lujosa pregunta oculta, en una paz casi silente, la naturaleza violenta de una tormenta se aproxima. Son dos maneras de estar presente, de ser lo que su voz diseña: los opuestos diseñan el mundo. Una mirada basta para trazarlo con palabras.
3.-
Pero no sólo ha invocado a Issa. También se aproxima a Basho. También lo toca con las palabras, lo tutea, lo añade al texto un poco después de ella mencionarse, nombrarse:
“Yo Wafi Salih
un haikú con espinas
sobre el mundo”.
Ella es el poema, el haikú, una flor delicada pero espinosa. Y así, con el japonés, con el maestro:
“Los pájaros
poemas de Basho
en el ciruelo”.
Ese paralelismo, esa cercanía, casi piedra de toque, se asimila cuando entendemos que el maestro nipón vuelan sobre las espinas. No se dejan tocar, no se dejan herir. El maestro levita sobre un “haikú con espinas”.
4.-
La voz del maestro Tozan recurre en nuestro apoyo: “La conciencia/ no es el lenguaje. / Pero, si la ocasión se presenta/ adaptémonos a él”. Es decir, la palabra no es dueña de la verdad, pero ella podría llegar a ser ese algo sujeto al ser y contener un significado.
Los viejos poetas del haikú, entre ellos Masaoka Shiki o Yosa Buson, han quedado marcados en algunos cultivadores de este afán. Del zen como promoción de la existencia práctica. He aquí la diferencia con los poetas de Occidente, hacen poesía para comunicar.
El lenguaje es un imán. Traduce, es traducido. En nuestro hemisferio, el lenguaje nos traduce. De allí que quien hace poesía en Oriente es el poema: la poesía es un organismo cuya práctica está en el zen, en la vida, en la traslación espiritual, en el viaje interior hacia otros parajes.
5.-
“Ratón sin casa
en la iglesia del pueblo
duerme una siesta”.
¿Se trata realmente de un ratón? La imagen destaca el tamaño pero también la metaforización. ¿Somos ratones abandonados? En tres versos somos un pequeño animal que reposa en una iglesia, mientras en un
“Templo desierto
oigo a los mosquitos
multiplicarse”,
otra minimalización: la poesía es inmensa desde lo más pequeño.
El mismo monje zen Tozan escribió:
“Es como contemplarse en el espejo:
la forma y el reflejo se observan.
Tú no eres el reflejo,
pero el reflejo eres tú”.
Esta poesía confronta, deshace nuestro ser y estar. Es. Es decir, se practica con la postura corporal y espiritual. ¿Para qué sirve un árbol? La sacralidad comenzó con un árbol: el Buda, el manzano del paraíso adánico, los grandes árboles sagrados de África, de la India, de América. Una ceiba es más congruente que un discurso político.
De allí el reflejo como la verdad.
6.-
Nuestra poeta dice:
“En mi epitafio escribe esto: sólo busco
mirar al cielo”.
Y al lado:
“Escribe el cielo
una carta de amor
cada mañana”.
En ambos haikús aparece la palabra escribe, como si fuese eterna. La eternidad radica en lo que se traza. Somos el trazo de un horizonte. Y el cielo es el más lejano. Un epitafio soporta toda certeza: lo que oculta, los huesos, ilumina desde lo que dejó dicho como deseo. Por eso el cielo responde.
Los extremos, las dimensiones. El tamaño del Universo, comparado con la mínima presencia de un insecto:
“Cansada de vivir
una mosca suicida
en mi taza de té”.
La mosca tiene conciencia del tiempo. Tiene conciencia de su cansancio.
“Mientras,
La Vía Láctea
en mi taza de té
cada mañana”.
Eternas, las constelaciones asoman la nata de la leche. Un té con leche también podría ser la tumba de una mosca.
Bella esta poesía, tan breve como el aliento. Tan sabia como quienes la inventaron, como quienes nunca la dejarán morir.

miércoles, 7 de febrero de 2018

[ENSAYO]: “Imágenes de la Ausente”.



Por: Nayle Rodríguez
La reconocida escritora Wafi Salih, nacida en Valera, Edo. Trujillo, en 1965 es de origen Libanés y está actualmente residenciada en Barquisimeto Estado Lara, ha publicado más de 14 libros de poesía en Venezuela y en otros países del mundo como: España, Francia y Ecuador. Ediciones en Árabe así como su primera Antología de Haiku titulada “Huésped del Alba” publicada en la Editorial Monte de Ávila y Discípula de Jung  con la Editorial Negro Sobre Blanco.
Esta autora a través de su ensayo “Las imágenes del Ausente” nos permite descubrir y analizar los diversos acontecimientos que se han generado en el transcurso de la historia, motivando a luchar contra tanta discriminación que aún persiste hacia la mujer.
Ella narra historias de mitos que surgieron en uno de los pueblos precolombinos, leyendas que quizás son poco conocidas pero son importantes y se deben estudiar para dar a conocer estas historias.
De esta manera descubriremos el origen de la “Ceremonia Hain”. En esa época la mujer formo parte como una de las figuras más extraordinaria que ejercía el dominio en el hombre, donde ellas se disfrazaban de espíritus utilizando altas mascaras para someter al hombre a hacer su voluntad, al tiempo ellos las descubrieron y se armaron con garrotes para tomaron la choza Hain, luego se produjo la matanza de las mujeres y después luna cayo lográndose escapar al cielo y se transformo en luna.
Sol se lanzo tras ella convirtiéndose en un astro solar se dice que por eso la luna quedo mirando a la tierra con cicatrices y herida siendo su marido el Sol.
De esta manera descubriremos el origen de la “Ceremonia Hain”. En esa época la mujer formo parte como una de las figuras más extraordinaria que ejercía el dominio en el hombre, donde ellas se disfrazaban de espíritus utilizando altas mascaras para someter al hombre a hacer su voluntad, al tiempo ellos las descubrieron y se armaron con garrotes para tomaron la choza Hain, luego se produjo la matanza de las mujeres y después luna cayo lográndose escapar al cielo y se transformo en luna.
Sol se lanzo tras ella convirtiéndose en un astro solar se dice que por eso la luna quedo mirando a la tierra con cicatrices y herida siendo su marido el Sol.
Wafi nos describe acontecimientos relevantes de desigualdad y exclusión en la mujer desde el principio de la creación, hace mención de Lilith la primera mujer que fue hecha de barro y concedida a Adán como su compañera, ella lo abandono porque no acepto obedecer a su compañero se sentía igual al hombre. Luego Dios la condeno por abandonar a su esposo y fue expulsada, siendo Lilith la Diosa de los demonios y procreadora de los Incubus y Súcubos, según la leyenda ella se hizo esposa de Asmodeus y permanece en una cueva en el Mar rojo en forma de serpiente depositando huevos, siendo la madre y reina de los seres  demoniacos se hizo esposa de Asmodeus, un personaje que aparece en la biblia en el libro de Isaias: 34:14.
Después Yave le concede a Adán otra esposa y saco de una de sus costillas, tapando el hueco con carne de la costilla que había sacado de Adán formo una mujer y la llevo ante él fue dada como su esposa o compañera. Pero la astuta serpiente engaño a Eva haciéndola pecar  y comió la fruta del árbol prohibido.
Si analizamos los diversos mitos e incluso versículos de la biblia esa serpiente astuta y malvada pudo haber sido la misma Lilith, ya que ella fue convertida  en serpiente  por su maldad pudo haber ocasionando todo este mal y Dios se enojo castigando a la mujer multiplicando los sufrimientos en los embarazos con el dolor para dar a luz los hijos y que el hombre ejerciera dominio de ella,  el hombre con el sudor de su frente tendría que trabajar la tierra para poder sobrevivir.
Sin embargo la biblia fue escrita por el hombre, por esos profetas inspirados por Dios y no todo ha sido revelado. En este universo siguen existiendo cosas ocultas o que no han sido descubiertas aún, pero en el transcurso del tiempo muchas cosas han ido cambiando en diversos lugares. A pesar que todavía prevalece el machismo y dominio absoluto de la mujer  en algunas partes del mundo y siempre se ha hecho ver que Eva es la causante de todas las desgracias por causa del pecado debe permanecer así.
Dios fue modificando diversas cosas en el mundo y todos esos mensajes fueron transmitidos por sus profetas, si eso no hubiese sido así no existieran los mandamientos y el otorgamiento de la separación aprobado por Jesús el hijo de Dios, así como la valorización y respeto hacia la mujer como lo manifestó Jesús cambiando ese concepto y manera de pensar enseñando a sus discípulos a llevar esos mensajes de amor, cabe destacar que todavía hay países donde sigue prevaleciendo la subyugación de la mujer, esclavitud como forma de negocio y hasta matanza.
En países Musulmanes, Italia, partes de Europa y del mundo sin olvidar a Bombay donde los padres venden a sus hijas para inducirlas en la prostitución luego otros países con el plan de rescatarlas las convierten en esclavas, dándoles talleres para la fabricación y confección de accesorios donde ellas no poseen  salario alguno y todo queda por los gastos de su alimentación.
 El ser humano a partir de su evolución poco a poco fue aprendiendo a reconocer sus sentidos y  parte de sus emociones, sentimientos a utilizar su cerebro en el uso de la razón, pero primero conoció el amor, bondad, dulzura y después la venganza, odio, celos, envidia y todo lo negativo en el ser humano. Eso lo vemos reflejado en la historia de Caín y Abel, sabemos que el hombre ni la mujer son seres perfectos y quizás  diversas leyendas mitológicas y grandes acontecimientos o relatos  han sido contadas y plasmadas por grandes personajes de la historia e incluso nuestros abuelos nos han permitido comprender de donde se originan diversos mitos y eso ha quedado guardado en nuestra memoria pasadas de generación en generación.
Wafi en “Las Imágenes de la Ausente” nos acerca en su ensayo a temas importantes en la literatura así de esta manera defiende los derechos de la mujer y nos invita a reflexionar diversas situaciones, no es un ensayo solamente dedicado a las mujeres  sino para que también los hombres puedan conocer, aprender sobre mitos y acontecimientos que han surgido desde el principio del mundo. Valorando y respetando a la mujer porque ambos necesitan el uno del otro y hay que dejar a un lado el pensamiento erróneo por parte de ambos sexos de ejercer el dominio y doblegamiento en los dos, debe existir la igualdad y respecto entre ambos géneros.
En la literatura existieron mujeres que tuvieron que ocultar sus identidades debido al machismo y aún sigue existiendo cierta discriminación en la parte literaria entre esas damas figuran: Rosalía de Castro, Charlotte Bronte, Virginia Woolf, Jane Austen, Collete la reconocida escritora Joanne Rowling de Harry Potter y muchas más.

Algunas frases majestuosas de damas escritoras:

“Alguien se acordara de nosotras en el futuro”
(La primera poetisa Occidental Safo Grecia)
“Pasara mucho tiempo antes de que una mujer pueda sentarse a escribir sin que surja un fantasma que debe ser asesinado”.
(Virginia Woolf)
“Porque todavía no les es permitido a las mujeres escribir lo que sienten y lo que saben”
(Rosalía de Castro)
En diferentes portales del internet  podemos encontrar artículos que dicen lo siguiente: “No te enamores de una mujer que lee o escribe”, generando miedo en algunos caballeros y hasta creando rivalidades en las mujeres que no leen, no quisiera salirme del contexto del ensayo pero hay temas que deben ser revelados y recordados, eso causa “Las imágenes del Ausente”  El hombre ha  sentido el riesgo de perder su poder en el ámbito de la política y otras actividades por no aceptar la igualdad sin embargo mujeres  los tiempos han cambiado y hay mujeres que ejercen el rol de sargentos, bomberas, presidentas, ministras, mecánicas etc. En la historia tenemos personajes relevantes como Juana de Arco, Manuela Sáenz y muchas más.
Wafi también nos habla del amor y el matrimonio “Dios no es machista son los contratos sociales leyes del hombre hacia la exclusión”. No es que todas las mujeres y los hombres sean malos, el conflicto social se ha generado desde el principio del mundo debido a la ambición, codicia e infidelidades. La televisión como uso de símbolo sexual para vender más ha  utilizando el cuerpo de la mujer e incluso de las niñas como métodos de ventas para algunas empresas de Marketing.
La ilusión de ser uno solo,  es algo que va más allá de la espiritualidad poco comprendida entre los seres, el amor es la fuerza más poderosa y el regalo que Dios nos ha concedido a todos. Pero a veces se culpa al amor de  hacernos sufrir que nos causa daño y somos nosotros los que nos encargamos de destruirlo, el ser humano se define más por  emociones, en el amor poco se usa la razón y comienza el apego hacia la otra persona destruyéndonos a nosotros mismos.
Amar es la manera de compartir mutuamente respetando el espacio de cada ser y el aceptar cuando ya todo ha terminado, permitiendo dejar ir al otro ser para que sea feliz con quien de verdad lo desee.
El verdadero amor no es un contrato y es  la sociedad que ha sido intoxicada por la ambición y venden la felicidad por dinero.
Hay muchos matrimonios que solo son contratos por dinero y ambición o para complacer a los padres para unir fortunas sumergiendo esos seres a la infelicidad alejándose de la persona quien de verdad aman.

Frases:

“No es que ha desaparecido la desigualdad histórica del varón y la hembra, ni su forzosa coexistencia en el matrimonio, no ahora modulado en el recurso unisex, el sentido de trabajo, riqueza, libertad, pareja, hijos, nada de esto tiene dominio trascendental, sólo un sentido en si mismo, una muerte de agotamiento de esa temporalidad otra que antaño animaba; muerte como mera imagen psíquica sin otro significante que no sea la prolongación del presente”.
“Será el conocimiento el motivo de la “caída” y culpable será la mujer, pero no es sino una interpretación la voz masculina, el discurso totalizante y totalizador de los patriarcas quienes aprovecharán de endosarle al sexo femenino culpas, castigos y sufrimientos”.
Los invito a sumergirse en esta majestuosa obra  “Mis Queridos seres del Universo Estelar” pueden seguirme a través de mis redes sociales en mi Blog de arte y literatura: naylerohotmail.wordpress.com / Facebook: Nayle Rodríguez  y en twitter: Naylerodrguez1

jueves, 22 de junio de 2017

CONSONANTES DE AGUA. La inmensidad de lo íntimo.



Soledad Vasquez Armella. 
Traductora y editora del libro consonantes de agua

La construcción de una obra editorial implica adentrarse en el universo profundo del autor, génesis del ánimo secreto que motivó su creación. Editar es impulsar el ritmo secreto del libro. Seleccionar a pinza los elementos justos para mover la ola que danza bajo las palabras y lograr que resuenen al tono perfecto, como un eco de ese ánimo secreto, revelado en cada imagen, cada símbolo presentado al lector.
La edición de “Consonantes de agua” de Wafi Salih me implicó indagar en ese ánimo secreto presto de una singular poesía donde se transforma el pequeño espacio íntimo en una inmensidad. Desde dos aguas, la traducción al inglés y la edición del contenido para el libro, tuve la grata experiencia de indagar en sus breves textos que surgen desde resquicios de la memoria de la autora, que mira hacia dentro cuando posa la mirada en el afuera; en la plaza donde juegan los niños, en la sombra de un gato triste, en las grietas de la casa, en la dulce umbra de la luna, llena, como una almohada sola.
Cónsona al espíritu vital del haiku, su obra indaga en la casa-alma de la autora, que ve en lo sencillo, la plenitud de su mundo íntimo. Su casa, como un portal que conecta entre el adentro del hogar; manifiesto en los recuerdos desperdigados en el quehacer cotidiano, y que desde allí viaja hacia lo íntimo vital reflejado en las imágenes del afuera de la casa; la noche, la lluvia y el agua como una constante, el silencio de las tumbas, la ciudad desolada y los seres apenumbrados que la habitan.
Entre ese adentro y afuera, habita en ella una dulce nostalgia del ser y la nada, entre la serena certeza y la tristeza brumosa, entre la mujer amante y la solitaria intimidad de la madre. No es en el tiempo, sino en los espacios, en las esquinas recónditas de su vida cotidiana donde la autora guarda su alegría, el amor, la muerte y el dolor.
Notas sobre la edición
¿Dónde empieza el alma de Wafi Salih, sino a la sombra de un imponente cedro del Líbano?. No hay un símbolo más propicio que este, para enmarcar la niñez y la presente ausencia, tan punzante, que la tierra de las dunas ejerce en la poesía y más allá, en el ánimo secreto de la autora. Por ello al realizar la edición del libro, seleccioné este símbolo como imagen que abre y cierra las páginas de consonantes de agua.
Desde esta primera imagen se hilvanan 18 ilustraciones como 18 fases o temáticas de la poesía de la autora jugando a la pausa larga de una imagen entre cada grupo de 7 poemas:
Desde el cedro como símbolo, en los dos primeros grupos resalta la poesía que aborda temas sobre la nostalgia y la muerte. El niño ante la tumba, la casa lejana del padre ausente, pero latente en la memoria como un cedro derribado en el corazón. Desde allí, para el tercer y cuarto grupo de poemas decidí tomar voces sobre el agua, la luna y la naturaleza como símbolos de una esperanza repentina:
Un relámpago
golpea el estanque
la luna tiembla
El grupo quinto y sexto de poemas, abren y cierran con cósmicas imágenes que ilustran aún la naturaleza, pero desde la contemplación en el encuentro infantil con el mundo; un niño que juega con la luna llena, las ranas que cantan melodías antiguas y un caminito de hormigas. La vida desnuda y despeinada: una vía láctea que habita como Piedritas en un bambú.
Luego el ánimo secreto de la poesía de Salih da un vuelco y en los siguientes tres grupos de poemas, me senté a dialogar con la Wafi Salih mujer amada y mujer amante. En esta particular selección destaca la belleza de la intimidad en los pequeños detalles de la casa, en sutil intimidad entre la imagen onírica como metáfora del amor, por ejemplo en este particular texto:
Descifra
el alfabeto de los pájaros
mi oído en tu pecho
Desde allí, el noveno grupo de poemas inicia con la ilustración emblema y portada del libro, a mi parecer una de las imágenes de mayor fuerza simbólica y profundidad interpretativa de Maldonado, ilustrador del libro, en la imagen se denota una mujer con la luna en el útero, (así me gusta llamarla). Imagen de técnica puntillista que juega entre la mujer duna y la mujer agua.
La selección de haiku para este fragmento versa sobre la mujer intima. La mujer en tránsito del hogar, en reflexión y limpieza con la casa, de la vida y los ánimos pasados,  la esposa y la madre en el silencio ruidoso de la casa.
El décimo grupo sigue dialogando con la mujer, pero en este la vejez, la rosa, la flor, la muerte de la primavera emergen como símbolos centrales que la concilian también con su propia madre. Un grupo particularmente nostálgico de poemas donde la autora se pregunta inquieta sobre el porvenir:
¿quién canta
en las páginas del aire,
el destino de la rosa?

Los últimos seis grupos abordan la poética del adentro y del afuera de la casa- alma de la autora, un cruzar y volver al portal. Las ilustraciones muestran puertas y ventanas como símbolos de un cosmos de lo oculto y lo entreabierto y con ello el juego lúdico de la contemplación. El espíritu vital de la autora danzando entre la conexión adentro; consigo y en sí misma, en la página en blanco, en el fondo quieto de la taza de café y afuera; en el encuentro fugaz con los otros, como una infinidad de sombras de la memoria. Una contraposición entre la vida de los seres que habitan la ciudad desolada, la penumbra del hambre y la espera que resuena cruda en la ventana, detenida ante al silencio sereno del zen en la congoja de café. Finalmente en este viaje hacia dentro del ánimo secreto de Wafi Salih, decidí cerrar la selección con el camino hacia el sentido de conciliación consigo misma y con la figura masculina, en el rostro del hijo y en el encuentro feliz con el padre, en el río, pero fijo solemne en su memoria, como un cedro del Líbano.
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Soledad Vásquez Armella (estado Yaracuy, Venezuela, 1987). Escritora, investigadora, traductora y artista conceptual egresada en Diseño Integral en la UNEY, con destacada labor en el campo de investigación en mitología, religiones venezolanas, arqueología del paisaje y paisaje sonoro, con amplio trabajo individual y colectivo en poesía, arte sonoro y audiovisual. Directora de Fundación Madrelionza, fundadora e impulsora de estudios de paisaje sonoro con colectivo Ecous.


martes, 28 de febrero de 2017

SOBRE “LAS IMAGENES DE LA AUSENTE” DE WAFI SALIH


Ingrid Chicote
Para iniciar este pequeño ensayo sobre "Las imágenes de la ausente" debo comenzar con el comentario de la contraportada del libro - publicado por Monte Ávila Editores Latinoamericana - que expresa que "Wafi Salih se propone indagar, delimitar, interpretar la historia, mitos y relatos: discursos de la cultura que invitan a asomarse a nuevas formas de subjetividad para referirse a lo femenino", por lo cual, en este libro se va navegando por un instrumento que permite tener referencias de lo que somos las mujeres que escribimos.
Abriendo la ventana de esta "subjetividad de lo femenino" nos dice la autora, quien nació en Valera, donde el Líbano y la Siria de sus padres le dio vida, (Licenciada en Castellano y Literatura y Magister de Literatura Latinoamericana egresada de la Universidad de Los Andes, siendo además, una de las escritoras reconocidas que tiene en su haber 14 libros publicados entre ensayo y poesía, docente universitaria, también asistió a la Cátedra Ramos Sucre de la Universidad de Salamanca, España y fue coordinadora de la Casa de la Poesía "Hugo Fernández Oviol" y de la Casa Nacional de las Letras "Andrés Bello" capítulo Lara, donde se dedicó a trabajar en el Taller de Literatura Infantil "Jugando con la Poesía"), es incansable investigadora y ferviente cultivadora de lo humano y de lo bello, que:
"Insistentemente se sitúa lo privado-doméstico en el área de las ficciones articuladas para asegurar la persistencia del establecimiento cultural, así, se fijan los arquetipos masculinos: ideales de belleza, conductas legitimantes, que ayer estaban vedadas, pero que hoy el patriarca licencia y califica, además conceptos de un para sí que aparecen como conceptos de sí; todos y cada uno funcionando como "medios de inserción del otro sexo". Juego sin lugar a dudas, que en el menor de los casos pasa por el deber intangible de la mujer de comprobar que también "ella puede", situación que viene cruzada de espejismos y bondades; otras veces queda fijado en la evolución social simulando concesiones, enmascarando con la razón y la "apertura democrática", el relato de la marginación. El juego de las ficciones no está exento de la presión en tanto práctica ciudadana para conquistar espacios".
Así pues desde este planteamiento podemos ver que al profundizar en las diferencias, debemos entender que no podemos transformar los modos de convivencia desde los parámetros del capitalismos instituido, disfrazado en "apertura democrática" mientras que "el juego de las ficciones" debe construir emancipación de la sinceridad.
En su libro "Las imágenes de la ausente" podemos leer que "El entramado de las relaciones de poder desborda las posibilidades del cambio social, eso lo sabe la mujer, que al leer los indicativos desplegados en la cotidianidad política vivenciada, entiende la continuidad establecida, no sólo en las manifestaciones más toscas: autoridad, paternalismo, sino que además en las relaciones interpersonales, hasta en ella misma, en tanto sujeto de recepción cultural", como que si no nos fuera suficiente con el útero receptor que nos hace paridoras sino como si las mujeres fuéramos una antena que recibe todas las concepciones del patriarcado histórico que, socioculturalmente, ha construido modos de dominación que no es de lo masculino sobre lo femenino, sino que es lucha de clases.
Esta idea la desarrolla Wafi en el capítulo "Las márgenes del poder" en el cual aborda la concreción de lo histórico patriarcal dominando lo femenino, pero que también resulta de una ruptura del mismo con la emancipación de la mujer y de la igualdad de condiciones. Ya no somos las mismas. Somos otras en medio de nuestra subjetividad y de nuestra lucha por la autonomía en todos los aspectos de nuestra existencia.
"Las imágenes de la ausente", aborda, capítulo por capítulo, el espacio de la desigualdad, la voz como recurso, los signos de la exclusión, los márgenes del poder, los márgenes del hacer, la ilusión de ser uno, memoria de otro retorno y memoria de la desesperanza. Es decir: en el libro hay un orden que va enunciando al lector o la lectora el desmontaje de los discursos de género para abordar el discurso del poder y sus entramados que le han impuesto siglos de sometimiento a la mujer desde simples sustantivos convertidos en complejos modos de lucha y supervivencia desde las desigualdades, las marginaciones y el devenir de la desesperanza que incluye, paradójicamente, la esperanza de la autonomía y la emancipación.
La autora expresa que "La trampa que radicaliza la desventaja del intercambio sexual emana con mayor esplendor, del ideario de "lo eterno femenino", pues las armas de la mujer: el lenguaje del cuerpo, que busca seducir, el "arte de gustar" ejecutado para mantener latente la danza del apareamiento, la simulación del erotismo en el atuendo, en la voz, en la mirada, en el gesto más simple; las trampas de la simulación tienen más allá de las estructuras lúdicas, implicaciones netamente ideológicas".
Así pues el modo aprendido para someter al otro desde el cuerpo femenino que se vende como mercancía; niñas buenas, mujeres fatales, divas, amas de casa, la madre, la esposa fiel, la puta o la caperucita roja emancipada que describe Sol Linares en Percusión y Tomates, es decir los roles femeninos, son los signos de la exclusión: dice un viejo adagio popular que las mujeres siempre terminamos acostadas como si el trasfondo de nuestra sexualidad marca una desgracia y no una libertad de ser "sí mismas".
Es este sentido en el capítulo "Las márgenes del poder" expresa Salih, ya entrando en lo que se refiere al arte de escribir desde la mujer, que: "La "carga ideológica" contenida en el concepto de literatura femenina es un reduccionismo simplificador de la relación tensional que tiene lugar entre escritor, obra, lector. La recepción está modelada de por sí en los canales estereotipados de los valores propios con los que el discurso social estigmatiza al discurso creativo producido desde la mujer-escritora, por consiguiente, los mecanismos de legitimación sustraen el valor de lo creado, adicionando con fuerza inusitada el valor de lo que representa".
Dice más adelante que "El sentido expreso está lejos del reconocimiento del trabajo, de sus posibilidades imaginativo-creativas, es más, se configura como un proceso de asimilación en el cual todo movimiento se desplaza hacia lo ya consensuado culturalmente, es decir, la dinámica del concepto masculino" (El subrayado es mío).
Con esto Wafi salih va estableciendo las márgenes del poder instituido del cual aprendimos a relacionarnos colonizadamente ya que el juicio: el juicio masculino, impuso su ideario "VERDADERO" con toda su carga y visión de dominio patriarcal sobre nosotras. Así pues el discurso de la lucha de clases intenta desmontarse desde lo literario en este libro con claridad y consciencia de lo que hacemos las mujeres que escribimos, ya no desde el discurso instituido sino desde el discurso-verdad instituyente de la literatura como totalidad, cuerpo total, emancipándonos, no desde lo académico, sino desde la vida con su cotidianidad y su creatividad.
Espero pues que todas y todos tengamos el valor de leer "Las imágenes de la ausente" escrito en un lenguaje sencillo, sin retóricas rebuscadas, ausente de pretensiones académicas y altamente humano. En fin con estas imágenes la autoría sólo pretende encontrarnos en igualdad de condiciones de quienes ejercemos el oficio de escribir.
MUJERES QUE ESCRIBEN: UNAS LINEAS, POSIBLEMTENTE, TRANSGRESORAS.
Del libro Artesanal Letra (2007):
No escribo para –o por– ser bella,
dulce e inteligente.
Escribo porque soy cínica
desagradablemente franca;
para guarida de polvo y telarañas.
No sé escribir bonito.
Escribo hiel miel con gusanera;
pero con cada frase,
rompo un barrote.
Del libro Artesanal Letra (2007)De Xiomara Ortega
En Las imágenes de la ausente, Wafi Salih hace una serie de cuestionamientos, de preguntas que reproduzco textualmente:
1.- “¿Al abordar la literatura escrita por mujeres, al mirar sus personajes y establecer cómo se configuran éstos, no desde la perspectiva del arquetipo viril-masculino, sino desde la percepción de la experiencia vital, no nos arrojamos inmediatamente en las fisuras de las grandes interrogantes?
2.- ¿Hay una sensibilidad especial que marca la construcción del personaje femenino cuando éste es hechura del hombre?
3.- ¿En qué se diferencia, si este ser-personaje es producto de la experiencia cultural, de la práctica cotidiana del sujeto femenino que se escribe, que se describe y se muestra ante el texto?”
Creo que para abordar algunas respuestas a estas preguntas faltará tiempo pero antes de esto quiero iniciar esta ponencia con algunas reflexiones sobre la literatura escrita por mujeres.
Muchos conocimientos ancestrales fueron trasmitidos por nosotras. Tal es el caso de Hipatia en el siglo II de la era cristiana. Según Sócrates Escolástico “Había una mujer en Alejandría que se llamaba Hipatia, hija del filósofo Teón, que logró tales conocimientos en literatura y ciencia que sobrepasó en mucho a todos los filósofos de su propio tiempo. Habiendo sucedido a la escuela de Platón y Plotino, explicaba los principios de la filosofía a sus oyentes, muchos de los cuales venían de lejos para recibir su instrucción” ¿Y cuál fue el destino de Hipatia? Morir en un asesinato del que aún se desconoce el móvil.
Cada cultura en el mundo ha tenido sus escalas de valoración, sus subversiones y sus modos de ver la existencia. Por ejemplo, las mujeres druidas escribían las recetas medicinales y luego fueron catalogadas como brujas y quemadas por la Santa Inquisición de la iglesia católica. Pero sus recopilaciones fueron utilizadas para formar el vademécum médico de la cátedra de Medicina de las Universidades de la Edad Media, lugares donde sólo los hombres tenían acceso. Y tomo estos ejemplos de la cultura ancestral europea como reflexión sobre el tema que nos convoca hoy: Mujeres que escriben.
Para aportar más sobre el tema en cuestión es necesario abordar qué hacen las mujeres diferentes al hombre. ¡Claro! hay que reconocer que somos perfectas pero que durante siglos han querido que estemos calladitas porque calladitas nos vemos más bonitas. Obedientes porque si no, somos capaces de perderlo todo, como el caso de Flora Tristán, por ejemplo. Pero sabemos que jamás seremos dóciles y por eso las mujeres escribimos. Y ¿sobre qué cosa escribimos las mujeres?
Primeramente escribimos porque tenemos una visión de mundo, somos curiosas y tenemos a nuestro favor la palabra creadora que, de paso no tiene género, pero sí tiene motivaciones de poder. La mujer que escribe tiene poder en sus manos que es el que le aporta la creatividad, el conocimiento y la formación. Sin embargo, podemos saber que hemos sido ninguneadas, sometidas, esclavizadas y silenciadas, porque quien maneja el conocimiento tiene poder y el patriarcado instituido no permitió durante siglos que fuera posible que tuviéramos un lugar dentro de la intelectualidad. Sin embargo, en nuestra constancia hemos obtenido grandes logros a través de la historia.
En nuestro país, en la época de la Independencia, por allá por 1810, la sociedad estaba dividida y eran los hombres pertenecientes a la clase dominante de entonces, quienes tenían acceso al conocimiento, a la universidad. Mientras tanto, las mujeres blancas eran las que podían ser instruidas dentro de sus casas, hasta que Simón Rodríguez habló de la educación popular. Y es que era necesario que aprendiéramos a leer, a escribir, pero sobre todo, a pensar, independientemente de la lucha de clases establecida, para poder asumir mayores libertades.
Durante siglos hemos sido domesticadas a través de la Institución FAMILIA. La mujer estaba hecha para el hogar. Las esclavas no tenían acceso al aprendizaje. Juan Germán Roscio enseñó a sus esclavas a escribir para que pudiera existir el papel moneda. Eran las esclavas quienes, a través del aprendizaje de la caligrafía, las responsables de hacer los billetes. Sólo para mantener el poder y la riqueza se instruyó a las mujeres en la caligrafía, mas no así en la escritura, aunque las más audaces pudieron aprender a leer y a escribir, fuera del trabajo asignado. (Alcibiades. Mirla, 2010).
Muchas mujeres se convirtieron en personajes de grandes novelas, vistas desde el ideal de lo masculino, pero cuando comenzaron a escribirse, desde su propia feminidad, desde el no estar de acuerdo en morir de amor, como ocurre en María de Jorge Isaacs, o en Ana Karenina de León Tolstoi, quisieron contar su propia historia y allí podemos ver a las pioneras de nuestro país empuñando la pluma con el espíritu rebelde: Teresa de la Parra, Pálmenes Yarza, Enriqueta Arvelo Larriva, Matilde Mármol, Lydda Franco farías, Ida Gramcko, Miyó Vestrini, María Calcaño y Olga Luzardo, entre muchísimas otras.
El cuerpo de las mujeres tomó parte en la escena. Ese cuerpo dócil, hecho para llevar el trabajo de la casa, para parir los hijos, provisto de una capacidad para soportar todas las jornadas de trabajo en sus diversos roles, pero que ahora también se manifiesta a través de la palabra diciéndole a la humanidad: ya no soy cuerpo obediente, soy presencia pensante y escribiente. La pasión, el dolor, el aniquilamiento, la rabia, la impotencia, el amor, el compromiso social y muchos otros sentimientos que se encuentran y desencuentran, da lugar a una literatura distinta a la escrita por los varones y que no puede seguir siendo violentada por el silencio. Entonces es válido responder a la primera pregunta de Wafi Salih:
“¿Al abordar la literatura escrita por mujeres, al mirar sus personajes y establecer cómo se configuran éstos, no desde la perspectiva del arquetipo viril-masculino, sino desde la percepción de la experiencia vital, no nos arrojamos inmediatamente en las fisuras de las grandes interrogantes?”
Yo diría que nos arrojamos en una fisura donde la belleza cobra vida y acceso ante el mundo de los lectores que se va configurando a partir de esa perspectiva de la escritora y su lenguaje que es un mundo. La mujer entonces se expande como un caos dentro de la creación que asume y ya no es sólo la que está en el hogar, la que se desarrolla a partir de la obtención del conocimiento, la peligrosa mujer que es capaz de mirarse y de mirar a las otras mujeres y escribir para la humanidad sus pormenorizadas inquietudes sino que cobra espacio vital en las bibliotecas y en las librerías porque el verbo de las mujeres tiene un poder en la mente de los lectores: un poder subversivo que alerta a quienes detentaban el título de escritores, o sea de los varones que se dedicaban escribir, surgiendo de esta manera, una violencia soterrada, oculta, delicada ante quienes asumen un papel en la sociedad y se rebelan contra el patriarcado existente, es decir las escritoras.
Esa violencia es muy dinámica y, aunque no parece hostil, es dolorosamente abordada desde la indiferencia porque ante la literatura hecha por mujeres surge el fenómeno que somos muchas y que ya no somos poetizas, como nos llamaron en el siglo XIX, sino que ahora somos escritoras: de poesía, narrativa, filosofía, crónica, ciencia, psicología y un incontable número de vertientes escriturales que nos hacen tener presencia en la literatura y en otras ramas del saber.
Una vez que surgen nuevos enfoques de lo femenino, a través de la lucha por la paridad, es cuando las mujeres comenzamos a cobrar vida con nuestra propia voz dentro de los campos del conocimiento y uno de ellos es la literatura, y es en este momento, en nuestro país, que somos tratadas con respeto, aunque muchas no seamos parte del currículo de las universidades, que sería otro tema extenso a tratar.
Es por ello, que convocadas en esa realización de la búsqueda de horizonte de sentido para lo que hacemos, seguiremos subvirtiendo el orden de lo instituido, porque en las universidades, por ejemplo, si bien hubo apertura para el estudio de lo que escriben las mujeres, éstas siguen siendo las mismas y hay que abrir paso a las nuevas voces que se han ido erigiendo con su trabajo de perseverancia a través de la palabra escrita y visibilizar a todas esas mujeres que existen en nuestro país dedicadas a la experiencia de la palabra.
En cuanto a la construcción de los personajes, hace mucho tiempo que tuve ente mis manos el Manual de Antiliteratura, que a su vez era la que llegaba a las grandes masas convertida en fotonovelas y novelas rosas escritas por Corín Tellado en las revistas como Buenhogar (qué nombre par una revista de mujeres: siempre las amas de casa y las buenitas) y las telenovelas escritas por Delia Fiallo y algunas otras que surgían como Jazmin, en las cuales la construcción de personajes femeninos prevalecía la idealización de situaciones, conflictos, amenazas que siempre iba a estar concluida por el final maravilloso: la casita feliz, el perro, el jardín, los hijos, el marido.
Esta anti-literatura produjo en nuestra sociedad una manera de ver a la mujer que escribe y entonces se comenzó la diferenciación con obras como las de Laura Antillano con personajes como la hija que narra La luna no es pan de horno o la Ciudad Abandonada donde podemos ver a una ciudad como Caracas con sus miseria, encuentros, desencuentros, pero ciudad femenina que se mira desde el orden y el caos, siendo la ciudad un personaje que también se convierte en un mito. Una ciudad donde un profesor universitario como Diógenes es dueño de una librería conjuntamente con su mujer y su discurso es la búsqueda del sí mismo, busca el sentido de su profesión como profesor universitario pero ese discurso no le da respuestas para la vida.
“Quiere estar solo, necesita estarlo, la proximidad de Minerva no le permitirá establecer ese espacio del vacío sin ansiedad. Entonces trataría de buscar respuestas para ella, siempre se ha sabido explicando el mundo para otros, ahora quiere sus dudas, su propio vacio de respuestas”
Encontramos entonces esas dualidad de compañía/soledad donde el varón, visto desde la perspectiva de la mujer es un ser que se busca a sí mismo pero sin encontrarse. Sin duda alguna, el personaje masculino visto desde la perspectiva femenina, no encuentra asidero en la realidad que es imposible sostener entre tantos libros, teorías y análisis que no le sirven en la vida práctica. No es el caso de la mujer que es capaz de adaptarse a todos sus roles por costumbre del aprendizaje ancestral y su capacidad innata de hacer muchas cosas al mismo tiempo, dando la respuesta adecuada en la circunstancia precisa.
Con esto queremos decir que la anti-literatura escrita por mujeres para las mujeres es un submundo donde lo femenino juega el papel de las idealizaciones, lo irreal, la domesticación ante un sueño común: el príncipe azul, mientras que en la Literatura de nuestras escritoras, por ejemplo, como Laura Antillano, hay un encuentro con el ser humano que somos todos, pero que también tiene implicaciones sociales, psicológicas, filosóficas, políticas generando un avance en la construcción textual pero también de la construcción de la emancipación escritural que puntea avances sobre la sociedad en la que estamos contenidas.
Lo femenino se sacudió el mito de Orfeo: He allí la experiencia vital de las mujeres, que sin duda alguna ya no estamos sujetas al poder del macho, y que al soltarnos, liberarnos, emanciparnos, el macho nos mira, asombrado. El poder del hombre es la mujer sujeta a su lado para dominarla, para que la mujer sólo lo escuche como cosa receptiva. Ya no somos cosas. Ahora decimos.
En el discurso audaz de Sol Linares en todos sus libros, especialmente en La Circuncisa, podemos ver, más que un lenguaje revelador, las circunstancias de sujeción de la hembra que se emancipa de manera imprevista. Rehace a Olivia, la de Popeye, quien era ese personaje flaco, famélico, flexible y sincero, para terminar casándola con Brutus, pero nunca se desliga de Popeye, con quien llevó de por vida una relación epistolar, siendo la carta que escribe en el cuento “Popeye me casé con Brutus” un acercamiento a la sinceridad de una mujer que buscaba emociones más allá de ser salvada.
Dice Olivia en su carta dirigida a Popeye:
“… No me malentienda, pero usted siempre fue lo que aparentó ser, un hombre bueno. Verá, ser bueno no es suficiente, al menos no para mí. La virilidad de un hombre bueno fácilmente se sublima con actos de preclaro altruismo, al que yo no me opongo per se. Pero no quieres a un hombre bueno porque sea bueno; lo bueno sólo puede beneficiarte. En cambio, no tardé en encontrar en Brutus sus propios opuestos, de los que me enamoré enceguecidamente. Ahora lo sé. Lo veo claramente. A la bondad hay que agregarle ingenio, la tozudez, la malicia, el desparpajo, la valentía y la ternura… Ahora comprendo que fue entonces una metáfora de la reconstrucción de esta Olivia que hoy escribe. He descubierto, después de todos estos años, que Brutus tiene la medida exacta de mi pasión y mi temor por la vida.
En cambio, el amor suyo por mí no era sino una proyección de justicia, acaso ilusoria y errática. Mi vida habría sido consumida por un ideal del mundo que en el fondo usted no estaba dispuesto a traspasar, de manera que la aventura habría acabado en el justo momento en que Olivia fuera suya.”
He aquí ejemplos de mujeres que van escribiendo otra historia diferente a las que nos contaron para que la sumisión se instaurara en nosotras y soñáramos con nuestros héroes y príncipes que jamás encontraríamos en la realidad.
Es por eso que me parece pertinente traer a colación la segunda pregunta que inicia el libro de Wafi Salih:
“¿Hay una sensibilidad especial que marca la construcción del personaje femenino cuando éste es hechura del hombre?”
Por supuesto que hay una sensibilidad especial en la construcción de la visión de lo femenino desde el varón, que en un momento es la creación de las mujeres a la medida de ellos. Por ejemplo, Dante Alighieri, nos presenta a una Beatriz que es la mujer ideal y que quizás representa, en un sentido simbólico, la utopía de perfección de la humanidad. Una humanidad que orienta al hombre pero que es una humanidad en femenino.
Otra mujer ideal viene siendo Penélope, que tejió y destejió una manta conservándose para su amado Odiseo y lo esperó durante los doce años en que estuvo lejos del hogar, siendo casta a pesar de los pretendientes que se reunían para que ella eligiera nuevo marido. (Cosa que sucede cuando las mujeres están solas por decisiones propias. El arquetipo está internalizado en la sociedad). Helena de Troya se dejó llevar por la pasión y el enamoramiento pero produjo una batalla que terminó con una ciudad perfecta y en armonía, enfureciendo a los semidioses, dioses y en su mayoría a todos los varones que nunca preguntaron por qué Helena de Troya dejó a su viejo, violento y perverso marido, quien es el que inicia la guerra por el trofeo que era la belleza de Helena.
En la Biblia apreciamos que Moisés tenía una esposa joven, hermosa y alegre. Subió a buscar las tablas de la Ley y cuando bajó uno de los mandamientos que le entregó Yahvé dice (lo transcribo como lo aprendí en catequesis) “No desearás a la mujer de tu prójimo” o sea: la mujer del prójimo es propiedad privada, mujer sin prójimo es libre, pero a nosotras no nos dicen que no deseemos al hombre de nuestra prójima y tampoco le prohíben al hombre con prójima establecer relaciones con otras si éstas están solteras. ¡Cosas de la ciencia religiosa!
Vemos cómo Salomón desposa a la Sulamita, virgen en espera de su noche de boda quien soñaba a su varón con su mirada de gacela y sus manos que estaban tan ardorosas y que eran capaces de derretir las llaves en la puerta como se derretía la mirra ¿Qué varón no quiere tener a su Sulamita?
Otra mujer arquetípica es Betzabé cuya belleza hizo pecar al rey David quien la miraba bañarse desde su balcón. Vouyerista David ¿Quién lo diría? mandó al esposo de Betzabé a la batalla para que fuera asesinado pero el pecado fue pagado por ella con la muerte de sus primeros hijos. Dios varón reprende a David, pero castiga a Betzabé. Y así van a apareciendo mujeres perfectas durante todos los relatos de la Biblia concluyendo con María, la madre de Jesús, quien lo parió virgen.
No es hasta que José Saramago se le ocurrió escribir el Evangelio según Jesucristo que comenzaron las dudas a ser parte de los mitos internalizados en la sociedad impuestos por las religiones judeo-cristianas, haciéndole un favor a la sinceridad, provocando una justicia humana sobre María y Magdalena.
En esta construcción del personaje femenino está la idealización de una mujer que no existe, por tanto, las mujeres que sí existen ni son santas, ni diosas, ni putas. Son simplemente mujeres. A través de los relatos arquetípicos se castiga a la mujer que sale de la regla impuesta por el hombre, Dios en el caso de Eva, porque siempre ha tenido que guardarse sus rebeldías para las guerras pero no para la comprensión de su humanidad. Y en las guerras pasadas y quizás en las presentes, no tienen nombre las heroínas, salvo contadas excepciones.
Es por eso, o sobre eso, que las mujeres comienzan a drenar su propia visión de mundo, sus propuestas de lo que es una mujer y sus aires de libertad, la lucha contra el olvido, la lucha contra el propio secuestro de su palabra creadora y la lucha contra la violencia del macho que usa el lenguaje como medio de in-comunicación ante la escritura realizada por mujeres.
Vinicius de Moraes, en su versión de Orfeo pone en la boca de Eurídice “Si pudieras escucharme en lugar de verme”. Si pudieran escucharnos en lugar de vernos… Y es que nos han hecho del tamaño de la mirada, no de la lectura, no de la escucha, no de la totalidad de lo humanamente compartido que llevamos en el mundo. Dice Ivonne Bourdelois respecto al tema de Eurídice y Orfeo en la obra brasileña:
“El regreso al infierno se cierne como amenaza para la pareja ante la imposibilidad de que el varón escuche a la mujer, que es para él ante todo presencia visible, física o sexual, antes que palabra portadora de sentido. Orfeo, mitad dios, mitad hombre, es el creador de la música. El supremamente escuchable. Nunca el escuchante. La condición impuesta a Orfeo, en realidad, consiste en superar esta situación de ensordecimiento, y así responder al deseo más profundo de Eurídice: la de ser oída. Una Eurídice invisible, que sólo puede ser escuchada, representa para Orfeo el infierno, porque trastorna todos sus poderes”.
¿No es acaso esto lo que sucede con la literatura? ¿No somos acaso las mujeres que escribimos unas Eurídice? ¿No hemos vulnerado el espacio de Orfeo al atrevernos a aprender a decirnos, “con la palabra portadora de sentido” unas trastornadoras de los regímenes de verdad del patriarcado literario? Una pregunta que intento responder se convierte en otras preguntas para ser respondidas buscando eso que dicen llamar “horizonte de sentido”.
Las mujeres co-estamos en una sociedad dominada por la idea del patriarcado que nos define porque siempre han sido ellos los que nos piensan. Nos define el varón y al realizar esto quedamos-somos como sujetos de un sinnúmero de relaciones vitales que nos pormenorizan la existencia. Lo expresaré mejor con las palabras de Octavia, la que nunca envejece o rejuvenece y siempre tiene la misma edad, según su padre. Este es el personaje construido, entre muchos personajes que lleva el hilo conductor de Percusión y Tomates de Sol Linares:
“Sí, bueno, uno debe hacer algo con lo vivido, aunque eso vivido no valga mucho la pena de ser contado y lo escrito en ese papel de carne que es la piel salga igual de sucio cuando entras a la playa. Hoy amanecí… como decirlo, frágil, como papel de arroz. Se me ha metido en la cabeza escribir mi autobiografía. Naturalmente. A mi edad los seres humanos comenzamos a pensar qué hacer con el recuerdo y esas cosas. Nos ponemos sensibles y autobiográficos. Ah, quien dijo que mi vida era publicable, o peor, quién dijo que mi vida era legible”
He allí nuestra Octavia que es Eurídice. Dice Margaret Fuller que "la literatura no consiste en una colección de libros magníficos, sino en un ensayo de interpretación mutua.” (Bordelaois, 2007).
Entonces vayamos convenciéndonos que la literatura escrita por mujeres no es un monotema: es un asunto de recursos e interpretaciones de la multivocidad existente tanto escritoras existen. Orfeos: escúchennos, mejor, léannos.
La tercera pregunta que hace Wafi al inicio de su libro es la siguiente:
“¿En qué se diferencia, si este ser-personaje es producto de la experiencia cultural, de la práctica cotidiana del sujeto femenino que se escribe, que se describe y se muestra ante el texto?”
Se diferencia en que primeramente somos todas unas Eurídice abriéndonos caminos en el infierno, queriendo ser salvadas por Orfeo, que no quiere escucharnos y que al mirarnos nos quedamos sumergidas en el Hades. No queremos permanecer allí.
O somos Olivia, o Penélope o Helena. O Eva, esa infeliz que trajo el pecado al mundo y a quien hay que redimir porque ella ofreció la manzana pero la decisión fue de Adán. Pudo haber dicho que no… Y es infeliz porque ha sido, por siglos, la mujer de las culpas en lugar de la mujer emancipada que tomó decisiones por su propia cuenta. Todas, en el fondo, somos un poco la Eva castigada y excluida del Paraíso.
Entonces las mujeres que escriben, que construyen sus personajes y sus develaciones poéticas siempre serán como la X que es la incógnita de todos los problemas matemáticos. Siempre se busca resolver la ecuación (la ecuación es femenina), pero a veces no se puede develar la incógnita porque siempre una solución a un problema revela que hay un problema superior y así siempre habrá una X que revelar en el discurso de los femenino